La pandemia, los huracanes Eta e Iota y la escalada de precios han tenido un impacto «muy severo» sobre la situación en Honduras, donde 2,4 millones de personas viven en crisis alimentaria, indicó este miércoles la oficina del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU.

Antes de la pandemia y los huracanes, Honduras ya enfrentaba problemas de inseguridad alimentaria, un escenario que se volvió «más complejo» por los efectos de la covid-19 y los fenómenos naturales, dijo hoy a Efe el representante oficial de Programas del PMA, Héctor Cruz.

Según los estudios del PMA, citados por Cruz, alrededor de 2,4 millones de personas están en inseguridad alimentaria en Honduras, una situación que los priva de poder llevar alimentos suficientes a sus mesas para desarrollar una vida adecuada. Agregó que esta situación se vio empeorada por una «sequía muy severa» que afectó en 2019 los cultivos en el país, especialmente en el Corredor Seco, lo que disminuyó la disponibilidad alimentaria, y la pandemia de la covid-19 en 2020, lo que se agudizó por los huracanes Eta e Iota.

En Honduras la covid-19 tuvo un «impacto muy severo» en la economía, redujo las fuentes de empleo y la capacidad de los hogares de obtener ingresos para comprar sus alimentos, indicó. El oficial de Programas del PMA expresó que los desafíos en inseguridad alimentaria requieren un «abordaje holístico», realizar intervenciones con enfoque de resiliencia, diversificar los medios de vida e invertir en educación, para que estas personas puedan «absorber los choques y no sufrir de forma más severa».

Altos costos y disminución de producción.

La población se ve afectada por el alza en el costo de la canasta básica y los combustibles, la disminución en la producción de cultivos de maíz y frijoles, granos básicos en la dieta de los hondureños, el limitado acceso a insumos o temor a la pérdida de cosechas, según un informe del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

El informe de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), del SICA, señala que estos factores inciden en que los hogares recurran «al uso de estrategias negativas para conseguir alimentos, así como estrategias de erosión de recursos y medios de vida para satisfacer otras necesidades esenciales».

La inseguridad alimentaria tiene un «impacto muy fuerte» en el crecimiento de los menores de edad, en el desarrollo de mujeres en edad fértil y el capital humano del país centroamericano, señaló el oficial de Programas del PMA.

Cruz subrayó que las personas que más sufren por la falta de alimentos «son las más vulnerables» y las que «no pueden construir resiliencia en el mediano y corto plazo», factores que los obligan a aplicar «técnicas negativas», como dejar de comer, reducir el tamaño de las porciones, endeudarse o trabajar por comida.

Tormenta perfecta. 

Para junio y agosto próximos, el número de personas en crisis o emergencia alimentaria estaría aumentando a 2,6 millones debido a la persistencia de la falta de empleo, el agotamiento de las reservas de alimentos, el alza en el precio de la comida y la crisis de la cadena de suministros a nivel internacional, indica el informe del SICA.

Alerta de que el aumento en el precio de los fertilizantes y las lluvias erráticas, unidas a la pobreza -que afecta a más del 70 % de los 9,5 millones de habitantes- impactan en el coste y disponibilidad de los alimentos, lo que podría crear una «tormenta perfecta para empujar a muchas más familias a temas de inseguridad alimentaria» en los próximos meses.

Hasta ahora, el Corredor Seco, que comunica parte de la región suroccidental con el centro del país, era la zona más afectada por la emergencia alimentaria, pero en los últimos meses se ha visto un aumento en el número de personas en inseguridad alimentaria en el área urbana, según los datos.

La falta de alimentos afecta más a los niños y adultos mayores en Honduras, donde el 23 % de los menores de 5 años padecen de desnutrición crónica, según datos del PMA. 

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